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“Los libros que tenemos nada valen. Las fotos que guardamos de nada sirven. Solo cobra sentido la letra viva, en movimiento, que se está recreando. Solo tienen alma las imágenes que están siendo vistas”

El siguiente artículo consiste en dar palabra a pensamientos, preguntas y reflexiones sobre un viaje con características particulares. Planeado para hacerse en dos meses, a los quince días abandonamos el proyecto. Hasta el día de hoy recordamos y reflexionamos que nos pasó en India, en que fallamos y que acontecimientos nos empujaron a marcharnos tan temprano.

La amarga experiencia nos llevó a buscar relatos de otrxs viajerxs en estas tierras. Nos planteábamos preguntas: ¿Seremos unos inexpertos que nos falta calle mochilera? ¿Cómo caminan India otrxs viajerxs? ¿Cuál es la actitud que te permite seguir frente a tanta infamia? En Malasia nos cruzamos un mochilero argentino que nos dice que debíamos “pasar la barrera o choque cultural del primer mes”, y luego empezaríamos a disfrutar la India. Ya era tarde, nos habíamos ido a los 15 días.

Ahora que lo analizamos en retrospectiva, pensamos que quizás la ruta fue planeada sin tener en cuenta una transición cultural. Las maravillosas posibilidades que nos brinda el transporte aéreo de movernos de una punta del globo a la otra, puede jugar en contra a la hora de asimilar cambios que terminan siendo drásticos, muy distinto a lo que plantea un viaje por tierra en el que se van incorporando sucesivamente nuevas características culturales con mayor posibilidad de adaptación. Esto nos hace pensar un próximo viaje evitando largos intervalos espaciales y con mayor estudio de campo previo a la partida.

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Mujeres en Kochi, India

El sur de India es una caja de sorpresas, un escenario teatral en el que hasta lo impensado e inimaginable puede suceder. A cada rato, en cuestión de minutos o segundos, cada escena cotidiana se puede convertir en la llave que abra las puertas de tus más intensas emociones. Te sorprende, te saca una sonrisa, te amarga, te quiebra a carcajadas, te deja en llanto, te estresa, te desata una ira, te enoja, te despierta, te duerme, te empuja, te deja enchilado, te convierte en una marioneta, te enseña, te desvela, te paraliza, te pregunta y te responde, te pide y te dá, te hipnotiza, te acostumbra. Nada es estático, nada está dicho. Así es la India del sur.

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No podemos olvidarnos de hacer mención a otros importantes factores por los que nos vimos atravesados en este viaje por India y que ayudaron (junto a los acontecimientos y anécdotas que vivimos) a la desición de marcharnos del país:

Transportes: para tomar un bus o tren de un punto a otro tenés que analizar bien la jugada. En algunas zonas, te puede llevar hasta cuatro horas hacer 130 km. Nuestra idea inicial era avanzar de ciudad en ciudad desde el sur hacia el norte, pero nos enfrentamos a una asombrosa lentitud de los transportes que en muchos casos no tienen diferenciación entre larga, media o corta distancia: por ejemplo, un colectivo que va a una ciudad a 300 km de distancia es capaz de detenerse en cada poblado, por mínimo que fuera y hacer servicio local a estudiantes y trabajadores que se bajan del bus a pocos minutos de subir, haciendo estallar al autobús de gente arriba, acurrucada y doblada donde pueda con un hermoso calor de 30 grados entrando por la ventana. Todo esto hace que ciertos viajes duren una eternidad insoportable y agobiante.

Hay que entender que en India tienen otra concepción del espacio personal. Ya sea en la calle, en los mercados, en los transportes, en las casas particulares o en donde sea, reina la ecuación “donde entran 2 entran 12”.

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Y donde entran 50 entran 200

Contaminación sonora: La orquesta sinfónica de bocinas te acompañarán durante todo el viaje. Sean ciudades de millones de habitantes o de cientos de miles, el “Toque bocina” es el lema nacional. Y esta absurda norma es respetada por toda la sociedad, sin oponentes.

Cuando viajábamos por Sri Lanka el chofer trataba de tapar el bocineo y el ruido del motor de los años 60 poniendo música frenética a altísimo volumen. A veces lo lograba pero no se que era peor, si amigarte con los bocinazos o que seis horas de música pop moderna srilanquesa te taladren hasta la última neurona del cerebro y la salúd mental se te escape por las alcantarillas. En el sur de India no ponen música frenética pero siguen la muy mala costumbre que es hacer un abuso excesivo en el uso de las bocinas; para pasarse entre vehículos, para saludar a otro vehículo, para saludar a un peatón, para expresar enojo con otro conductor, etc, etc. Sin exagerar, algunos colectivos en los que viajamos tenían hasta tres tipos distintos de bocina, siendo algunas muy similares en volúmen de sonido a la de los barcos. Usar tapones para los oídos fue nuestro principal aliado en estos viajes.

Polución ambiental y basura en todos lados: nunca antes habíamos sentido en otro país que era necesario usar una máscara de oxígeno o barbijo. Cuando lavamos ropa el agua salía negra. Demás está decir la gran cantidad de basura desparramada por donde se mire, alrededor y bordeando los puestos callejeros de comida mientras tranquilas, reinas y campeantes se pasean y defecan las famosas vacas sagradas de la India.

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Por primera vez extrañamos ver el sol como en realidad es, sin estar tapado y difuso por una nube de aire contaminado. Solo en las montañas de Ooty si pudimos ver brillar el sol normalmente.

Superpoblación y ciudades en todas partes: hubo muchos factores que nos impulsaron a desertar del proyecto, pero creo que uno muy importante es la dificultad que tuvimos en encontrar lugares más pequeños y tranquillos tales como pueblos, poblados y aldeas rurales. Aunque inevitablemente tengamos que pasar por ellas en algunos momentos, la verdad es que nos somos amantes de las grandes urbes. En India se nos hizo muy difícil encontrar espacios naturales y ciudades o pueblos más pequeños que hagan de “refugio” aunque sea por unos días del choque cultural que estábamos viviendo. Quizás debimos haber investigado mejor previamente al viaje.

El “efecto espiritual” de la India: Si el objetivo es el autoconocimiento, en algunas situaciones podés llegar a poner a prueba tus propios límites sacando tu más virulenta ira, enojo, frustación y stress que hasta ahora desconocías. Descubriendo facetas internas jamas expuestas del sí mismo, entendimos que el trabajo espiritual en este país está a la orden del día y no es necesario internarse en ningun ashram para profundizarlo. Basta con intentar desenvolverse en el diario vivir de cualquiera de sus ciudades superpobladas para sacar a pasear una ira inédita, un descontrol emocional propio de un niño asustado.

Nos preguntábamos…¿dónde está el yoga y la meditación en su gente? ¿Será que esa imágen de India, que tanto se vende para afuera, solo está en los ashrams o escuelas donde cobran mil euros por un curso de 4 días?

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Es una relación automática que después de ver la extrema pobreza y las precarias condiciones en que vive gran parte de la población en India, inmediatamente valores muchísimo el lugar y las oportunidades de desarrollo que tuviste donde naciste y creciste. Si minimamente te pega fuerte lo que estás viendo, es normal que te hagas mil preguntas, te enojes, te entristezcas, te genere impotencia y sientas profundamente las injusticias que se viven a diario en cada rincón de ese país.

Es verdad que no hace falta ir a la India para ver esta extrema pobreza, ya que en Argentina y en muchas partes de latinoamérica también está presente. Pero los porcentajes y las condiciones no son las mismas. India es el segundo país más poblado del mundo con más de 1200 millones de habitantes. Pese a tener desde hace unos años una elevada tasa de crecimiento económico anual y de perfilarse como nueva potencia emergente, esa riqueza poco y nada se redistribuye, llegando el índice de población con extrema pobreza, sin acceso a servicios básicos como agua potable, salúd, vivienda y educación, al 25 por ciento de sus habitantes, es decir más de 300 millones de seres humanos.

Sin dudas el pasado colonialista británico moldeó para siempre el futuro de este territorio y hoy se ven sus terribles consecuencias, pero no podemos caer en determinismos sin haber estudiado ni leído sobre las religiones, costumbres,culturas e idiosincracias de los diversos pueblos que habitan India, su forma de entender al mundo, a los hechos y a la naturaleza. No olvidemos que hasta el día de hoy en pleno siglo XXI (no con la misma fuerza de antaño), se mantiene un sistema de castas desde hace más de 2500 años, que enjaula y divide con barrotes invisibles pero absolutamente palpables a la mayoría de sus habitantes.

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Las mujeres  en general y las castas inferiores son los grupos más afectados en este sistema

Cuando viajamos y nos hospedamos conviviendo con la gente local, la capacidad de adaptación es empujada hasta niveles inimaginables por el desafío de mantenernos centrados a múltiples fuerzas que nos atraviesan desde lo moral, lo ético, lo emocional, lo cultural incluso lo físico. En este viaje por Asia y Medio Oriente, observamos prácticas y pensamientos que no compartimos, formas de ser y hacer que desconocemos y acciones que tienen un significado distinto al que nosotros le damos. Pero no siempre es todo radicalmente opuesto ni distinto, también encontramos muchas similitudes, cosas que nos acercan aunque hayamos nacido a miles de kilómetros de distancia. El aprendizaje resulta un proceso mutuo gracias a este rico intercambio cultural. No solo nosotros aprendemos y nos vemos transformados, también nuestros anfitriones descubren nuevas formas de pensar, ser y sentir el mundo. Anfitriones y visitantes, todxs somos viajados por este encuentro.

A pesar de que la experiencia no fue satisfactoria, queremos rescatar las cosas buenas que aprendimos en este país. Si querés conocer el relato de las experiencias que nos topamos día a día, pasate por las CRÓNICAS DE UN VIAJE ANECDÓTICO (parte 1).

Salvo exepciones, en general la gente es muy abierta y predispuesta buscando charlar, saludarte y ayudarte todo el tiempo.

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Agos entró a una tienda por un vestido y tuvo varias asistentes

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Así venían a darnos la bienvenida a su ciudad en muchas esquinas

Esa predisposición a ayudar y curiosidad de la gente, a veces se puede sentir como una invasión a la privacidad.

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También podemos destacar el espíritu de superación frente a las adversidades cotidianas, ya que a pesar de la ausencia del Estado en muchos ámbitos básicos de la vida, la gente se ayuda mutuamente y logran salir adelante con muy pocos recursos y oportunidades.

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Armadora de arreglos florales para el cabello de las mujeres

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Estas son algunas conclusiones y reflexiones que sacamos durante y después de esta experiencia por India. No es nuestra intención desmotivar a lxs que quieran viajar por allí, repetimos, fue nuestra experiencia personal. Lo que sí intentamos con nuestro relato es desmentir esa falsa imágen que crean las agencias turísticas insinuando que India es el paraíso de la meditación, el yoga y la espiritualidad. Lo único que vimos de esto fue un gran negocio montado en torno a los retiros que apuntan a un turismo VIP totalmente desconectado con la realidad social en la que vive inmersa la mayoría de la población.


Si querés saber más sobre nuestro paso por India, te invitamos a leer las CRÓNICAS DE UN VIAJE ANECDÓTICO (parte 1) y el RECORRIDO FOTOGRÁFICO

Cualquier duda, comentario, opinión, sugerencia o lo que quieras aportar, comentalo!


 

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