Por Bruno Bosio


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Minas Gerais lo veníamos viajando a pura Estrada Real. La estrada real o “Camino real” son una serie de caminos (que fueron cambiando según las épocas y la abundancia o escasez del material) por los transportaban piedras preciosas, principalmente oro y diamantes, desde distintos puntos de Minas Gerais, hasta el puerto en Río de Janeiro. Del puerto se iban hacia Europa. También lo veníamos viajando a puro Couchsurfing. En realidad ya desde Porto Alegre arrancamos el viaje con buena onda brasilera – couchsurfinera.

Eran días de carnaval. La fiesta en las calles se sentía en todas las paradas. Estábamos en Sao Joao del Rei parando en la casa de Julia, contactada también por esta red social, y teníamos intenciones de seguir la Estrada Real camino a Ouro Preto y Mariana. Mandamos solicitudes de couchsurfing pero nadie podía no porque no quieiseran sino porque ya estaban llenos de gente! Los comentarios nos habían anticipado eso. En esa ciudad los carnavales son fuertes y se llenan de gente. Hasta mediados de Mayo me siguieron respondiendo anfitriones de Ouro Preto pidiendo disculpas por no habernos hospedado y ofreciendose a visitarlos cuando querramos. Diamantina era la última parada de la ruta del oro y los diamantes. Era la perla más lejana de Minas Gerais, impensada de que iríamos a conocerla. Estabámos a pocas semanas de tomar el vuelo de Río de Janeiro a Portugal y lo “políticamente correcto” sería ir volviendo, no alejarnos más al norte de la ex capital brasilera. Por suerte volvimos a apostar a las supuestas malas decisiones. Nos vamos 468 km al norte de Sao Joao del Rei. El capítulo “Diamantina” cambiaría el rumbo del viaje drásticamente.

El dedo anduvo a medias. Las fuertes lluvias y tormentas no nos dejaban avanzar en este medio. Asi que fue mitad en cole, mitad en camión.

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Camino de Belo Horizonte a Diamantina

En Diamantina nos esperaba “Pipí”, otro ejemplo de anfitrión de couchsurfing. Al igual que gran cantidad de personas que nos fuimos cruzando de Minas Gerais, la solidaridad, empatía y la ayuda mutua tatuaban su ética y valores. Pese a que estaba a ful trabajando y disfrutando día y noche del carnaval, Pipí nos dió su tiempo y un lugarcito en su pequeña casa que alquilaba en un barrio de trabajadorxs, en las afueras de esta pequeña ciudad. En la casa también paraba Pavio, primo de Pipí, oriundo de Belo Horizonte. Los dos nos dan la bienvenida contandonos un poco los datos básicos de Diamantina, para que entremos en calor.

Es una pequeña ciudad de nomás de 50 mil habitantes. Fundada en 1713 con el nombre de “Arraial do Tijuco” que en lengua tupí significa “Montaña fría”. Luego sería cambiado su nombre al actual, debido a la gran cantidad de diamantes encontrados en la región. En 1999, fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

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La pequeña ciudad es una belleza por si sola. Los colores y cantos del carnaval las 24 hs, la enbellecían multiplicando aun más su pintoresca hermosura. Comparsas, batucadas, blocos, rodas de samba y demás artistas desfilaban desplegando la magia multicolor de sus trajes y disfraces, agitando y moviendo sin discresión los cuerpos, al son de cada ritmo y canción, a toda hora en la calle, en los barrios, en el casco histórico y en distintos escenarios.

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Las callecitas empedradas, plantadas con antiguas casas coloniales bien pintadas y conservadas del siglo XVIII, no podían escaparse ni esconderse del fuego sonoro de los tambores, cantando en cada esquina, a toda hora, llueva o truene, con ese calor negro y ancestral que siglos atrás andaba atado y azotado de esclavo, encerrado en los sótanos de esas mismas casas que hoy los ven pasar a sus descendientes, que bailan y se mueven libres y sin miedo, festejando intensamente…como recuperando el tiempo pérdido de tantos siglos de silencio.

La gente nos decía: “El año en Brasil no comienza el 1 de Enero, empieza cuando termina el carnaval”. Así parecía verse en Diamantina al menos en esos días. Ningún trámite burocrático – legal podía ser realizado. Bueno, disfrutemos el carnaval nomás.

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A la hora del disfraz no hay filtro…

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Otros no pierden la elegancia..

Pasamos cuatro días compartiendo con Pavio y Pipí escuchando historias de Minas Gerais y salidas diurnas y nocturnas a ver y escuchar bandas. Pipí es estudiante de Letras y luego del carnaval le esperan unos lindos exámenes. Pavio está de vacaciones por unos meses, planeando visitar algunas ciudades brasileras y terminar el recorrido en Buenos Aires. Es dueño junto a su novio (que de momento estaban levemente distanciados) de una posada en Santa Cruz de Cabralia, Bahía, lugar donde vive. Nos cuenta que hace 4 años que vive y trabaja allí, pero que ya está cansado y aburrido, y tiene intenciones de volver a su ciudad natal, Belo Horizonte, a estudiar algo en la universidad.

Les contamos a los dos, que un tal Gabriel de couchsurfing también nos aceptó y nos espera en su casa, a unas pocas cuadras de allí, para pasar algunos días más. Ante la inesperada noticia, Pavio y Pipí nos ofrecen quedarnos más días en su casa el tiempo que querramos. Pegamos muy buena onda con los dos pero sentimos que queremos conformar a los dos anfitriones, y además el espacio en la casa de Pipí es muy reducido para convivir los cuatro, mejor los dejamos a ellos solos con más espacio. Fue en ese momento cuando recibimos la propuesta que cambiaría rotundamente el rumbo de nuestro viaje.

Como típica persona de Minas Gerais, sin distinción de género, clase social ni religión, Pavio despliega sus dotes de hospitalidad y nos advierte, que si llegamos a pasar por Santa Cruz de Cabralia en Bahía, las puertas de su posada están abiertas para recibirnos el tiempo que querramos, sin aceptarnos un solo centavo. Agradecemos muchísimo su oferta y le decimos que en otra oportunidad tal vez porque en 20 y pico días debíamos volver a Río de Janeiro a tomar el avión. Al día siguiente miramos el mapa. Estamos a casi la misma distancia de Diamantina a Río que de Diamantina a Porto Seguro, 700 y pico de km. No se habla más. Con semejante invitación, nos vamos para la Bahía.

Al día siguiente nos mudamos de Gabriel, el otro couchsurfing que nos esperaba. La decisión de ir para Bahía ya no se discutía más, pero primero, unos días más en Diamantina para concer un poquito más su gente, su historia y sus bellos lugares.
Gabriel vive solo en una casa muy antigua, es licenciado en biodiversidad por la universidad de Diamantina y trabaja en el parque Estadual do Biri Biri, cercano a la ciudad. Entre mate y charla, le vamos preguntando sobre todo lo que rodea el nombre de su ciudad y como se formaron y explotaron estas piedras tan valiosas y codiciadas. Esto nos decía:

“Los diamantes se formaron hace mucho tiempo atrás, a 200 km debajo de la superficie terrestre, a lo largo de 3 millones de años cuando distintas partículas de carbono por la acción del calor y de los cientos de años se fueron uniendo. Generalmente tomaron la forma angulada que vemos en ilustraciones e imágenes. Luego, la tierra los expulsó a través de erupciones volcánicas adentro de una gran roca. Con el paso miles de años y la acción de los agentes naturales de erosión como el agua y el viento, la roca volcánica se fue desgranando hasta que solo quedó el diamante, la parte más dura de esta roca. Hoy en día, en la región, la geología no cuenta con elementos volcánicos para poder ser estudiados, ya que no se encuentran más.”

¿Y cuando comenzó la explotación de los diamantes acá?

“La actividad minera en un principio la comenzó la propia corona de Portugal. Ella era dueña de todos los territorios y lo que había debajo. Pero al no poder ni tener suficientes recursos para la extracción, la corona comienza a ofrecer el negocio a privados otorgando el derecho y la “licencia para robar”. Estos “emprendedores” privados, disponían de 1000 esclavos aproximadamente para efectuar la tarea y mensualmente pagaban un canon fijo a la corona.”

¿Y en la actualidad?

“En Diamantina ya no se vive únicamente de los diamantes. Ya no es la actividad principal como otrora. Ahora los servicios, el comercio y el turismo están en primer lugar…Por supuesto que todavía están los casos de familias enteras y hombres que sueñan con hacerse ricos de un día para el otro encontrando una piedrita…Van y se pasan largas horas buscando al lado de los ríos…por ahí encuentran algo que vale unos cientos o miles de reales, pero ya no se encuentran millones como antes”

Nos hablaron mucho de Chica da Silva…¿sabés algo de su historia?

“Chica da Silva fue la esclava, después liberada, más famosa de Diamantina y de Brasil. Conocida como “la esclava que se convirtió en reina”, fue la amante oficial de uno de los hombres más ricos explotador de diamantes del Brasil colonial, João Fernandes de Oliveira. Fue odiada tanto por negros y blancos. Por los blancos porque por más que ocupó el “trono” a lado del hombre más poderoso del Brasil de la época, nunca sería aceptada por esa sociedad racista y conservadora. Por los negros, porque en vez de aprovechar el privilegiado rol donde estuvo por más de 15 años y tratar de ayudar a los de “su antigua condición” de alguna manera, no hizo nada, y quiso vivir la vida de lujos como un blanco. No sé, muchos le reclaman eso…siempre es fácil hablar y criticar desde afuera, distinto es hacer…vos imagínate la época…una ex esclava contra todo el orden social establecido…¿que tanto iba a poder hacer?”

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Gabriel nos recomienda visitar dos lugares; la casa de Chica da Silva o el parque nacional donde el trabaja, el Biri Biri. Como solo nos queda un día libre antes de partir a dedo hacia el largo desafío hasta Bahía, optamos por la segunda opción. Ya tuvimos suficiente de historia colonial, iglesias del barroco y calles empedradas desde São Thomé das Letras hasta acá. Ya estábamos extrañando las benditas cachoeiras que tanto nos habían deleitado en Visconde de Mauá. Si aún no leiste esos relatos, podés empezar por este y este.

El parque es alucinante. Caminamos 8 km hasta llegar a sus cachoeiras. La vuelta salió a dedo. El sol partía la tierra, las piernas pedían descanso cada dos por tres, pero cada paso que dábamos era sentir un poquito más cerca la frescura de los manantiales de aguas cristalinas. Realmente valió la pena. Pudimos agasajarnos con majestuosas obras de la naturaleza.

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Nuestro paso por Diamantina y la Estrada Real o “Ruta del Oro” estaba llegando a su fin. Sinceramente Minas Gerais no fue una provincia más, de un viaje más. Caminar por calles construidas a pura piedra por esclavos 300 años atrás, escuchar y aprender de las diversas historias de sus pobladores, descubrir los paraísos escondidos en las cachoeiras, vibrar el carnaval día a día, noche a noche, sentir en carne propia una hospitalidad y respeto profundo en sus gentes, fueron fuertes marcas impregnadas en la piel, en las arterias del sentimiento.

Me sentía mal porque nos saltearíamos dos puntos muy importantes de este camino, Ouro Preto y la vecina ciudad de Mariana. Agos me convence de que siempre podemos volver. Ahora, el camino nos invitaba a seguir. El nombre que parecía tan lejano “Bahía”, empezaba a sonar en nuestros pies. Después de tantos caminos de historias y montañas, de ríos y cachoeiras, un poco de mar, nuevamente, para despedir por un largo tiempo a sudamérica antes de cruzar al crudo invierno de escandinavia, no vendría nada mal.

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