Por Bruno Bosio


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El viaje espontáneo como cuando caminábamos la infancia e íbamos a la plaza del barrio a buscar el encuentro con amigos. No mandabamos tanto mensaje para coordinar. No teníamos internet ni celular. De vez en cuando un telefonazo desde el fijo para confirmar la asistencia a un gran partido que se viene anunciando. Sino, salimos igual. A la siesta, en esas largas y tranquilas horas de barrio, despues de una deliciosa comida casera de mamá. El que esta está y el que no no. Con los que estamos armamos un fulbito, o jugamos con las canicas, o solo nos sentamos a hablar al pedo; filosofía inocente desde nuestra mirada de 11 años. Si no están ninguno de nuestros amigos, nos prendemos a jugar con otros pibes y pibas que estén por ahí. No importa que seamos uno, dos o veinte, amigos cercanos o desconocidos lejanos. Lo importante es jugar.

En el viaje lo mismo. Salimos al encuentro, muy pocas veces programado de antemano, solo cuando lo necesitamos. Obviamente que para hacer couchsurfing si es necesario. Pero en la mayoría de las veces, cuando salimos de la tormenta de las grandes ciudades y empezamos a atravesar la “sintonía rodante”, cruzando pueblos, poblados y pequeñas ciudades, preferimos escuchar a la gente, ver que nos recomienda, donde seguir, antes que seguir ciegos un itinerario. Después decidimos hacia donde marchamos, equilibramos la brújula entre nuestros deseos, la magia que brota del camino y lo recomendado.

Por supuesto que la cosa cambia si viajamos diez días de vacaciones o tendremos largos meses viajando. En el primer caso se justifican los planes de itinerario. Mi intención no es dar cátedra de nada, cada persona hace lo que cree, lo que quiere o lo que puede y así hay mil maneras de caminar un proyecto, una meta, un viaje, la vida. Solo se que la vida entera no se puede programar; no vivimos en un mundo estático, es dinámico y en cualquier momento todo puede cambiar.

¿Será acaso que la sobredosis dominante actual de tiempo consumido en pantallas nos está lentamente cambiando nuestra percepción de la realidad y la relación con el entorno? ¿Será que en un futuro no muy lejano tendremos más conversaciones con pantallas que con seres reales? ¿O ya está sucediendo?

Volviendo a la manera en que viajamos; muchas veces no sabemos donde vamos a dormir cada noche…lo vamos viendo. Tal vez encontramos un camping copado, o se arma campamento en un descampado, o quizás nos invitan a dormir en un hotel de cuatro estrellas (y de yapa sale asado) como ya nos ha pasado…

Creo que de esa espontaneidad surgen los mejores encuentros, anécdotas y momentos. Solo hay que ponerle onda y tener confianza plena;  en el universo, en el cosmos, en tu dios o lo que quieras. Pero sobre todo, por más que las herramientas tecnológicas de gps sean mas eficientes, nunca pero nunca, dejar de escuchar a la gente.

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