Por Bruno Bosio


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Me cuesta creer que ya pasaron más de 8 meses desde que llegamos a esta ciudad. El tiempo voló.

Hace ocho meses atrás dejabamos la plena bahía brasilera con cuarenta grados de térmica y tres meses de viaje en las espaldas para cruzar el charco. Aterrizamos en París y unos días más tarde tomamos un colectivo rumbo norte. Veinticuatro horas después desembarcamos en Copenhague. Cuando el bondi hizo una parada de dos horas en Ámsterdam chupamos los últimos rayos de sol que podíamos, ya que nos habían advertido que en el polo norte, no es joda el clima.

Copenhague…no te digo “hasta la próxima” porque no sé si volveré a pisar tus frías tierras. Por ahora, me voy feliz de dejarte.

Tengo que confesarte; voy a extrañar muchas de tus cosas.

Tu telaraña urbana de ciclovías y bicisendas, esas postales de cada esquina donde miles de bicicletas se pasean coloridas libremente, silenciosas pero no ausentes de presencia y respeto, frente a temerosas miradas de pacíficos y educados automovilistas que en esta ciudad no han acaparado y ocupado a su antojo el espacio público. En este país, definitivamente, el sindicato de bicicletas, es el más fuerte.

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Extrañaré también tus bellos parques, lagos, plazas e innumerables espacios públicos cada seis cuadras; en cada barrio un lugar pensado para relajarse y desestresarse, equipado con juegos para lxs niñxs, o canchitas de fútbol, básquet y hasta en algunos lugares, mesas de ping pong gratuitas.

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Tu eficiente Estado de Bienestar, uno de los pocos que quedan en un mundo cada vez más neoliberal, que garantiza derechos sociales y ofrece oportunidades y ayudas económicas para estudiantes, desempleadxs, jubiladxs, etc. En este estado, la brecha entre ricos y pobres no es tan grande. También aplaudo con firmeza que seas uno de los países menos corruptos del mundo.

Tu real y desarrollada igualdad de género. El patriarcado va siendo cosa del pasado en esta nación donde desde 1915 las mujeres se ganaron el derecho a voto y hoy ocupan importantes porcentajes de puestos públicos y directivos. Se respira, se vé y se siente en tus calles. Hombres paseando cochecitos con bebes, mujeres caminando y andando tranquilas, a cualquier hora, sin ser acosadas por nadie y de ninguna forma, seguras, fuertes e independientes.

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Por más que seas la capital, extrañaré tu curiosa calma de pueblo grande, porque no sos más que eso.

La ciudad libre de Christiania; ese gran centro cultural alternativo y multicultural a cielo abierto, ex barrio abandonado de militares, ocupado y autogobernado desde 1971, donde anarquistas, comunistas, hippies, punks (y también turistas), de la vieja y nueva escuela, de todas las épocas, de todos los continentes; pasean, piensan, planean y construyen una realidad diferente.

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Tu fomento a la variedad y producción de alimentos “okologisck” orgánicos y sin transgénicos también voy a extrañar. Ojo, que el árbol no tape el bosque y yo no me olvido que estás en la lista de diez países que más desperdician alimentos en el mundo. Aplaudo tu política hacia el 100 por ciento orgánico, pero no te olvides que también contaminás al mundo con tu elevado consumismo, producción petrolera y derroche de materiales plásticos y tecnológicos.

Ahora, debo serte sincero: si algo no voy a extrañar, y de eso estoy muy seguro, es a tu clima y a tu propia gente nativa. Esos cotidianos vientos de miradas frías, distantes, indiferentes. Esas lluvias diarias de saludos secos, que mojan, endurecen y no invitan al encuentro. Tu afán de orden y perfección milimétrica congelaron al afecto, el abrazo y los sentimientos. Tal vez quedaron perdidos en algún baúl del recuerdo, quizás de tus épocas vikingas. En un concurso de integración al inmigrante te ganás el último puesto. Me voy totalmente convencido de que las condiciones climáticas de un territorio, moldean e influyen directamente en las características socioculturales de una población.

Esta es solo mi opinión personal, para nada pretendo generalizar a la sociedad toda.

Hace unos años la ONU te seleccionó como uno de los países más felices del mundo. El informe se basó midiendo índices de distribución ecónomica, acceso a oportunidades, libertad de expresión, corrupción, entre otros. ¿Que paradoja no?, ¿Ser el más feliz y a la vez tener uno de los índices más altos en tasas de suicidios, consumo de fármacos antidepresivos, tabaco y alcohol? Tal vez, la gente de la ONU hizo mucho hincapié en lo económico y se olvidó de tomar estadísticas de análisis y patologías psicosociales.

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A la muchachada de la ONU: ¿Alguna vez hará un informe de los países más solidarios y pacíficos del mundo? ¿O una lista con las sociedades en las que sus habitantes fomenten y practiquen el compañerismo, la integración, la empatía, la ayuda mutua, la hospitalidad? Seguramente, muchas de las naciones consideradas “inferiores” o del “tercer mundo” por los dueños del mundo figuarían primeros en esa lista.

Tal vez a tus amigxs de las naciones unidas no les convenga hacer una lista con los países que más impulsan el negocio de la guerra y la muerte, ya que seguramente, te sorprenderías viendote en la misma. Hacé memoria, no fue hace mucho. ¿No te acordás que fuiste cómplice de la guerra de Afganistán en 2001, Irak en 2003 y Libia en 2011 mandando tropas invasoras? No me digas que se te olvidó que sos uno de los países que más financia la organización terrorista llamada OTAN después de papá Estados Unidos. El imaginario con el que posas frente al mundo, tus carátulas de “honestidad”, “ecologista” y “pacifista” me suena más a “hace lo que yo digo pero no lo que yo hago”. Puertas para adentro estás limpia. Con el mundo hacés negocios turbios.

Igualmente me voy agradecido de conocerte. Me hiciste valorar mucho más de lo que ya valoraba a mi tierra y mi gente.

2 comments

  1. Chicos me encanto sus dos notas!! La verdad va a ser de mucha ayuda. Nos estamos preparando para ir a Dinamarca y esperamos poder vivir un poco de estas experiencias q comentan. En estos momentos vivimos en Ushuaia, con un clima bastante parecido. Y en cuanto a las personas y al modo de vida lo veo bastante parecido acá. Asiq coincido, que el clima es un factor q logra cambiar a la gente y al entorno. Les mando los mejores de los éxitos! Y les agradezco nuevamente por compartir sus experiencias. Saludos

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    1. Gracias por pasarte Elizabeth! Así es como decís, el clima moldea mucho las personalidades y la sociedad. Andando y viviendo en otros países, a veces nos sentimos a gusto como en casa y otras veces totalmente ajenos o extraños. Es cuestión de saber ver lo bueno y lo malo del juego. No hay sociedades perfectas, todas son perfectibles. Abrazos y fuerzas para el viaje que se les viene!

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