Por Bruno Bosio


Leí y escuché por ahí algunas cosas.

Que vivir viajando es la única forma de vivir en felicidad plena. Que “dejar todo e irse” es la receta clave para una buena vida. Que “convertirse en nómada” es la única posibilidad de alcanzar la tan ansiada “libertad”. Que si no lo hacés, sos y serás un ciudadano alienado y amorfo de por vida envuelto en la más triste rutina que el ser humano pueda experimentar en estos tiempos donde el mundo gira cada vez más al revés. Que los que tuvieron la posibilidad o facilidad psíquica, emocional y material para hacerlo, o simplemente querían y podían hacerlo, se presentan como superhéroes y modelos a seguir. Que estos defensores del “todo depende de uno mismo” y del “si querés lo hacés”, presentan una realidad como si todos hubiéramos nacido con las mismas oportunidades.

No es por desmerecer a viajeros y viajeras que realmente no son ni millonarios ni tampoco cuentan con grandes fondos para costear un viaje largo y se pusieron la mochila o la bici o el medio que sea al hombro, enfrentando grandes preconceptos o trabas familiares o personales y eligiendo un viaje “de bajo presupuesto”, trabajando de lo que quieran o puedan en el camino, sin grandes lujos pero mínimamente con un techo y un plato de comida diarios, cosas elementales que gran parte de la humanidad no tiene en su día a día, o lo tiene a medias.

Me inquieta la curiosidad: ¿Acaso no hay millones de personas que disfrutan (como también padecen) la vida sedentaria con sus grandes momentos cotidianos de alegría y tristeza como cuando se viaja?

Es innegable que un gran viaje es una gran universidad en el camino, y que puede generar altas dosis de momentos y experiencias únicas e irrepetibles, cultivar la tolerancia, la empatía, el entendimiento y el respeto mutuo, una apertura mental y espiritual, un sinfín de anécdotas y aventuras para compartir y recordar, etc., etc.…

Pero… ¿acaso no se puede generar todo eso viviendo arraigado a un solo lugar? Todo depende de cómo viajemos, de la forma en que viajemos, de que nacionalidad seamos y de múltiples factores históricos, sociales y culturales. No es lo mismo un ciudadano del norte del globo, con pasaporte estadounidense o finlandés (solo por poner dos ejemplos) viajando por el mundo en un crucero “all inclusive” o a dedo, que un ciudadano colombiano o iraquí, viajando de la misma forma, pero con toda la cargas de prejuicios, estereotipos y limitaciones reales (burocráticas, acceso a oportunidades laborales, tiempo de estadía y visados, etc) que realmente marcan la diferencia.

¿Acaso seremos tan liberales y acríticos de seguir repitiendo la premisa capitalista de que todos nacemos con las mismas oportunidades y que nuestro destino o nuestros logros dependen pura y exclusivamente de nuestro “esfuerzo personal”?

¿Será que tal vez podamos reflexionar, sin dejar de tener en cuenta que nuestra predisposición e iniciativa personal son factores que influyen, por supuesto, pero no es lo mismo y las condiciones, dificultades o facilidades cambian si salimos de viaje con un color de piel u otro, con una religión u otra, con un pasaporte o con otro?

¿Será que nuestra propia zona de confort no nos permite entender que en los tiempos que corren para miles de personas tener un trabajo fijo es toda una odisea difícil de conseguir y no es sinónimo de alienación ni aburrimiento sino que podría significar la “salvación” económica familiar a corto o mediano plazo? ¿Qué apenas pueden sobrevivir a una pobreza histórica, a una cotidiana miseria, nueva o heredada, y es una “aventura” conseguir algo para comer?

¿Será qué miles de humanos que si tienen la posibilidad de “dejar todo y viajar” eligen buscar y hacer una vida sedentaria, con otras metas y desafíos, con otros “viajes rutinarios y cotidianos”, y no por eso están errados y son involucionados?

Tengo más preguntas que respuestas.

2 comments

  1. tener más preguntas que respuestas en este mundo me parece un signo de salubridad. me hiciste acordar a la frase de William Faulkner: “A veces no estoy tan seguro de quién tiene el derecho de decir cuándo un hombre está loco y cuándo no lo está. A veces pienso que ninguno de nosotros está del todo loco o del todo cuerdo hasta que la mayoría de nosotros dice que es así. Es como si no importara tanto lo que un tipo dice, sino la forma en que la mayoría de los demás lo mira cuándo lo hace”.
    Leí todas las reflexiones itinerantes antes que el resto de los post y me gustaron mucho. Sin duda viajar te da la posibilidad de desarrollar la sensibilidad y la empatía; pero me encantó la idea de que hay personas que sin salir de sus barrios también las desarrollan. abrazos a los viajejos!
    .

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  2. Asi es Lu, es de buena señal no dejar nunca de preguntarse cosas del mundo y de la vida. Mientras leía la frase de Faulkner me acordé de esta de Jodorowsky: “Que dirá la gente? Esta pregunta ha aruinado mas sueños que cualquier otra cosa en el mundo.”. Gracias por tu comentario..abrazo!

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